Recientes estudios en torno a la alimentación y al cómo se consumen las energías que va captando nuestro cuerpo por medio de la ingesta de alimentos, han dado como resultado que la relación que se establece entre la energía y el consumo de alimentos es una de las bases fundamentales para garantizar un buen estado de salud.

Cuando hacemos referencia a esta relación, debemos tener en cuenta que la cantidad de energía que hemos consumido o de calorías a las que accedemos por medio de las comidas, debe guardar cierta relación con la cantidad de energía que usaremos en el día. Es aquí donde surge la idea de balance energético.

Obesidad

En ese orden de ideas, tales estudios han identificado que conocer el balance energético de nuestro cuerpo es una condición básica para no caer en los niveles de obesidad que se han disparado en el mundo. Es, de hecho, una de las principales preocupaciones de las entidades que estudian este tipo de datos estadísticos.

Aunque por el momento no se pueden presentar conclusiones precisas sobre el tema, sí se debe aclarar que el consumo de alimentos cargados con glúcidos, lípidos y proteínas, son aquellos que aportan la mayor parte de la energía metabólica. Esta energía es la necesaria para que nos desenvolvamos en el día a día.

Necesidades

Un buen método está en plantearnos una dieta que se ajuste a nuestras necesidades y que, al tiempo, tenga en cuenta las actividades en las que nos involucramos todos los días. Sólo de este modo identificaremos cuál es nuestro balance energético.

A partir de allí, se puede hablar de un equilibrio energético, en el que consumamos lo que será necesario cotidianamente para nuestro cuerpo. Trataremos de evitar caer en excesos alimenticios, cuyas calorías no nos harán falta para que nuestro estado de salud sea estable.

 

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